El tríptico en el que se ve a este artista chino rompiendo una vasija de la dinastía Han es una de las obras a través de las cuales adquirió temprana notoriedad. El happening viene reflejado por la foto central del jarrón cayendo de las manos del personaje (el mismo Weiwei) entre dos más estáticas, que muestran la pieza cerámica en sus manos y otra ya rota en el suelo, ordenadas las tres en un orden cronológico occidental. Es complicado saber si la acción supuso en realidad un acto de terrorismo del patrimonio artístico milenario como quiere hacernos creer (los hermanos Chapman lo hicieron posteriormente con un grabado original de Goya) o si se trata de un engaño con el fin de convencernos de un sacrilegio artístico. Un protagonista muy serio parece realizar una travesura infantil sobre un objeto de gran carga iconográfica para la cultura china. La obra, lejos de representar una repulsa por sus orígenes, viene a querer reflejar, a modo de espejo, los efectos del gobierno de la República Popular China sobre el legado cultural ancestral y a la vez lucir el arte como vehículo para tumbar totalitarismos, lo que en realidad es una constante en su trabajo. Ante la apropiación con fines propagandísticos, destrucción con los mismos fines..jpg)
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