Anselm Kiefer
Vivió su infancia en
Rastatt, pasando a estudiar
artes plásticas en
Friburgo de Brisgovia, en
Karlsruhe con el profesor Horst Antes y en
Düsseldorf, donde fue alumno de
Joseph Beuys. También estudió
Derecho y lengua
francesa. Sus primeras realizaciones, siguiendo la estela de Beuys, se centraron en el terreno de la
instalación y el
happening, pasando a la pintura en los años
70. En
1969 presentó su primera exposición individual con la serie de pinturas
Ocupaciones, en Karlsruhe. Ha expuesto en la
Documenta de
Kassel (
1977,
1982 y
1987), las Bienales de
Venecia (
1980) y
París (
1985) y en la
Städtische Kunsthalle de Düsseldorf (
1984), y tiene una importante colección en el
Museo Guggenheim de
Bilbao (
1990).
Kiefer es uno de los artistas alemanes posteriores a la
Segunda Guerra Mundial más conocidos, pero también de los más controvertidos. Famoso sobre todo por sus
pinturas matéricas, en su obra Kiefer afronta el pasado y toca temas tabú de la historia reciente alemana, sobre todo del
nazismo. Para pintar el cuadro
Margarethe, por ejemplo, se inspiró en uno de los poemas más famosos de
Paul Celan,
Todesfuge, escrito a partir de su experiencia en los
campos de concentración.
Inicialmente Kiefer basó su estilo en la obra de
Georg Baselitz, trabajando gruesas capas de color con fuego o ácidos y combinándolas con vidrio, madera o elementos vegetales. En sus obras fusiona la
pintura, la
escultura y la
fotografía, mediante técnicas como el
collage o el
assemblage, con una pincelada violenta y una gama cromática casi monocroma, mezclando materiales como
alquitrán,
plomo,
alambre,
paja,
yeso,
barro,
ceniza o
polvo, o
flores y
plantas. También utiliza materiales de desecho, incluso armamento militar, como en
El orden de los ángeles (
1983) y
Tumba en los aires (
1986).
Durante los años
70 se interesó especialmente por la
mitología alemana, y en la década siguiente por el
misticismo judío, la
Cábala. Es muy característica en su obra la presencia de letras, siglas, nombres de persona, figuras míticas o lugares con una fuerte carga histórica. Se trata de signos que ponen de manifiesto el peso de la historia y de los elementos míticos y literarios de nuestro pasado cultural. Su pintura es, en este sentido, profundamente literaria. Preocupado por los grandes temas cosmológicos, míticos e históricos, se perfila en su obra la influencia de su maestro Joseph Beuys, así como la de filósofos como
Heidegger o
Foucault, este último profeta, como Kiefer, de la "desaparición del hombre". Kiefer profundiza en la historia y la mitología como medio para evitar la situación de amnesia colectiva en que está sumido su país tras la derrota del nazismo, procurando reparar las heridas y, afrontando los errores pasados, crear una nueva sociedad alemana revitalizada. Así son frecuentes en su obra las referencias a
Hitler,
Speer o
Richard Wagner, junto a simbología de la Cábala o los
Nibelungos.
A comienzos de los años
90, tras una serie de viajes por todo el mundo, Kiefer comienza a inspirarse en temas más universales, igualmente basados en la religión, la simbología, la mitología y la historia, pero centrándose más en el destino global del arte y de la cultura, así como en la espiritualidad y la mente humana.
Desde
1993 Kiefer vive y trabaja en
Barjac, un pequeño pueblo
francés, cerca de
Avignon, donde ha creado un laboratorio artístico que le permite conjugar ideas y materiales, transformándolos en nuevas experiencias artísticas.